Sola, viva y feliz
He vivido con mis hijos en pánico junto a su padre. Todos los años insistía en ir a Benidorm en verano. Nosotros teníamos miedo de ir, porque siempre, todas las noches volvía muy tarde, armaba mucho ruido y le daba igual porque era una persona sorda. Y había noches en las que me violaba, me insultaba a voces, mi hijo lo oían. Estábamos muy solos y asustados. Cuando crecieron y fueron más mayores, me convencieron de pasar con ellos las vacaciones, dejando a su padre de lado, porque no querían ir a Benidorm.
Cuando eso ocurrió, empezó lo que sería la última paliza, menos mal que mis hijos estaban, me ayudaron a pararlo. Poco después su padre murió de un infarto, y la bebida no ayudó. Tras su muerte, un amigo suyo se instaló en mi casa y acabó siendo una relación de abuso y violencia, en la que, si yo no tenía la comida y la colada preparadas, la situación se volvía insoportable. Tras varios intentos de poner fin a la relación, grandes discusiones, agresiones, dejarme tirada en la calle, cambiar la cerradura de la casa y violaciones, logré romper con él. En ese momento, mis hijos y yo conseguimos liberamos.
Pude aprender a ser autónoma, a disfrutar de la vida, de las amigas y de mis hijos. Me di cuenta de que no necesitaba un hombre. Me encanta viajar y hacer lo que quiero con amigas. Ahora puedo ir dónde quiera. Tarde, pero he podido disfrutar. Deseo que esto no le vuelva a pasar nunca a nadie. Gracias a Dios, a mis hijos y a la valentía que reuní tras dos relaciones de abuso. No me atrevía denunciar los hechos hasta hace poco. Tampoco lo hice bien asesorada por que no existían recursos adaptados para informarme, como hay ahora, por lo que todas las gestiones de denuncias y juicios han sido infructuosas y he perdido bastante dinero y salud mental.
Pero aquí estoy, sola, viva y feliz.






Salir