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Sola, viva y feliz


He vivido con mis hijos en pánico junto a su padre. Todos los años insistía en ir a Benidorm en verano. Nosotros teníamos miedo de ir, porque siempre, todas las noches volvía muy tarde, armaba mucho ruido y le daba igual porque era una persona sorda. Y había noches en las que me violaba, me insultaba a voces, mi hijo lo oían. Estábamos muy solos y asustados. Cuando crecieron y fueron más mayores, me convencieron de pasar con ellos las vacaciones, dejando a su padre de lado, porque no querían ir a Benidorm. Cuando eso ocurrió, empezó lo que sería la última paliza, menos mal que mis hijos estaban, me ayudaron a pararlo. Poco después su padre murió de un infarto, y la bebida no ayudó. Tras su muerte, un amigo suyo se instaló en mi casa y acabó siendo una relación de abuso y violencia, en la que, si yo no tenía la comida y la colada preparadas, la situación se volvía insoportable. Tras varios intentos de poner fin a la relación, grandes discusiones, agresiones, dejarme tirada en la calle, cambiar la cerradura de la casa y violaciones, logré romper con él. En ese momento, mis hijos y yo conseguimos liberamos. Pude aprender a ser autónoma, a disfrutar de la vida, de las amigas y de mis hijos. Me di cuenta de que no necesitaba un hombre. Me encanta viajar y hacer lo que quiero con amigas. Ahora puedo ir dónde quiera. Tarde, pero he podido disfrutar. Deseo que esto no le vuelva a pasar nunca a nadie. Gracias a Dios, a mis hijos y a la valentía que reuní tras dos relaciones de abuso. No me atrevía denunciar los hechos hasta hace poco. Tampoco lo hice bien asesorada por que no existían recursos adaptados para informarme, como hay ahora, por lo que todas las gestiones de denuncias y juicios han sido infructuosas y he perdido bastante dinero y salud mental.
Pero aquí estoy, sola, viva y feliz.

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Tome la mejor decisión de mi vida


Nos conocimos en el barrio, nos conocimos porque éramos las dos únicas personas sordas del barrio y nos enamoramos. Mis padres y los suyos estaban contentos porque así no estaríamos solos toda la vida. Empezamos muy jóvenes de novios, y a los 20 años insistió en que debíamos casarnos. Yo no quería casarme con él porque no teníamos ni piso, ni trabajo ni dinero. Pero él, empujado por su familia, insistió mucho, hasta se presentaba en casa de mi familia para que me convencieran de casarme con él. Una de las noches que salíamos juntos al regresar al barrio, mi novio me violó y agredió. Estaba borracho. Me quedé embarazada a pesar mío, yo no quería eso. Me supuso mucho malestar. Por aquel entonces, quedarse embarazada sin estar casada estaba muy mal visto, por lo que nuestras familias arreglaron el matrimonio para casarnos un jueves. Pero al día siguiente de casarnos, él ya salía, se iba de juerga y volvía a casa muy tarde y borracho, era alcohólico. Cuando le preguntaba que porqué volvía tan tarde, que dónde había estado, me pegaba y me insultaba, y así cada vez más veces hasta que empezó a pegarme, estando yo embarazada. Yo no sabía qué hacer ni dónde ir. Así estuvo hasta el nacimiento de mi primera hija. Con el nacimiento de nuestro hijo parecía que cambiaba, era más cariñoso y se arrepentía de haberme agredido. Confié en que estaban cambiando, pero fui tonta porque volvieron las agresiones, y las violaciones. Cuando mi hijo enfermó iba yo sola a urgencias y no tenía ni carnet de conducir. Y durante 20 años esto fue así, hasta que me harté y me fui lejos de él. Desde entonces hasta ahora, voy recuperándome, pero todavía hay personas que creen que me equivoqué al separarme de él, y yo creo que tomé la mejor decisión de mi vida, junto a mi hijo.

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Convenio de Estambul


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